“Unos científicos condujeron un experimento, tratando de medir el impacto del abuso en niños. Los patos, como las personas, desarrollan vínculos entre madre e hijos. Se le llama imprinting. Así que los científicos querían ver cómo ese vínculo sería afectado por el abuso.
El grupo control fue una madre pata real y sus patitos. Para el grupo experimental, el científico usó un pato mecánico que habían creado –plumas, sonido, y todo- que, a ciertos intervalos, picotearía a los patitos con su pico mecánico. Un picotazo doloroso, uno que un pato de verdad no utilizaría…luego observaron a los patitos crecer y formar el vínculo con su madre.Con el paso del tiempo, los patitos en el grupo control nadaban junto a su madre. Pero mientras crecían, había más distancia entre ellos. Se alejaban a explorar.
Los patitos con la madre mecánica, sin embargo, seguían a ésta mucho más de cerca. Aún los científicos se sorprendieron al descubrir que el grupo que formó vínculos y siguió más de cerca fue el que había sido picoteado repetidamente con más frecuencia. Mientras más los patitos fueron picoteados y abusados, siguieron más de cerca. Los científicos repitieron el experimento y obtuvieron los mismos resultados”.
Mi padre no me había soltado, y no porque yo fuera “su niña” (…) Muchas veces su violencia explosiva había sido irracional y resultaba de la provocación más mínima: una expresión facial que encontró irrespetuosa, lágrimas que no quería ver, cualquier expresión de emoción para la que no tuviera paciencia. Y las reglas cambiaban todo el tiempo. Algo que podría hacerle sonreír o reir un día podría provocar que sacara con enojo su cincho algunos días u horas después.
(…)
- “¿Alguna vez tus hijos te han dicho que te odian?”
- “Seguro”, le respondí
- “Pero estás sonriendo. ¿No lo tomaste personal? ¿No te lastimó?”
- “No, por supuesto que no. Realmente no quieren decir eso”.
- “Ah, ahí es donde te equivocas. Por el momento, cuando están en medio de la emoción, quieren decirlo con todo su ser. Cuando dicen que odian a mami, lo sienten absolutamente. El mismo pensamiento blanco-y-negro que tú tienes a veces”.
Reiland, R. “Get me out of here: my recovery from borderline personality disorder“. Pp. 83-84. [traducción libre]
1 comentario
Mayo 11, 2008 a las 10:44 am
[...] ejemplo, algunos factores de riesgo para el trastorno de personalidad limítrofe son la forma de crianza y la experiencia de unión hacia los adultos durante la infancia, la [...]